Aquel vendaval, aquel ciclón que traía gente de cualquier parte del mundo, aquella marea humana, quedó resuelta en fina lluvia, la de siempre: menuda, suave, silenciosa y persistente. Dando brillo a la tierra que pugna por prevalecer sobre el asfalto que gentes foráneas traen a carretadas. Llueve, llueve. La lluvia cae en soledad y es una bendición aunque mi alma se hunda en la nostalgia. Y sé que a la tarde saldrá el sol. Pero… ssshhh… eso es secreto.